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Lincoln Futura, el Batmóvil que recorrió Madrid

Lincoln Futura, el Batmóvil que recorrió Madrid

El Batmóvil es uno de esos vehículos con nombre propio que gusta incluso a aquellos que no son fans de los coches ni de la saga y cuya presencia en las distintas apariciones del hombre murciélago es una constante desde el principio.

Su evolución ha discurrido en paralelo a la del propio Batman, al que a veces han conducido a excesos que desvirtúan la esencia del personaje. Ni que decir tiene que en este blog centrado en los años 60 nos gusta especialmente su versión clásica, grabada entre el 66 y el 68 para televisión.

La serie de la ABC transmite un aire sencillo y un tanto kitsch que, tras unos años de travesía por el desierto, la han convertido en objeto de culto en esta era marcada por la nostalgia. Los mismos que en los 80 la contemplábamos con cierta condescendencia, hoy día la idolatramos por su simplicidad.

Si bien el traje o las cejas de Batman nos provocaban risa y dejaríamos a Robin como pasto para el Pingüino, había un aspecto que incluso entonces nos encantaba: su impresionante coche. Aunque el diseño se veía anticuado (faltaban años para que fuera un clásico), sus líneas rotundas nos remitían a un futursimo retro que siempre resulta atractivo.

 

Batmóvil original de 1966 y comparación con el Lincoln Futura en el que se inspiró.

Lo que ni siquiera podíamos sospechar en medio de nuestra inocencia es que, a diferencia de Batman, su coche no solamente existía en la vida real, sino que había venido a Madrid y hasta pasado por la Gran Vía.

En efecto, el Batmóvil fue concebido como un personaje más de la serie, por eso cuando la ABC decidió producirla, se llevó a cabo un casting de prototipos para llevar al héroe de Gotham y a su ayudante.

Hubo descartes de auténtico lujo, como el proyectado por el diseñador Dean Jeffries, autor de la customización del coche en el que había muerto James Dean o, más adelante, de los aparecidos en filmes como “The Blues Brothers” o “Quién engañó a Roger Rabbit?”. Para el Batmóvil había modificado un Cadillac del 59, pero su aportación fue desestimada.

También se contactó con Chuck Jordan, diseñador de General Motors y, años después, de Opel, pero sus variaciones sobre un Chevrolet Corvette C2 fueron tan toscas que no se tomaron en consideración.

  

Batmóviles descartados: el de Dean Jeffries, basado en un Cadillac ’59, y el de Chuck Jordan, tosca adaptación de un Corvette. En la imagen, posa orgulloso sobre el capó.

Finalmente, el elegido fue el modelo que presentó George Barris, creador de los vehículos de “Starsky y Hutch”, “El coche fantástico” o “Jurassic Park”. Para idear el Batmóvil tomó como base el Lincoln Futura, un prototipo de 1955 al que dio nueva vida tras unos años en el olvido.

El Futura había nacido en una época caracterizada por una concepción lineal del progreso que se asemejaba a la idea decimonónica de Julio Verne o los futuristas de principios de siglo. Hacía honor a su nombre con un aspecto casi espacial en el que cobraban protagonismo las cúpulas transparentes que cubrían a los pasajeros como si fueran carlingas de cazas.

Bill Schmidt, autor del vehículo junto a John Najjar, diría más tarde que se inspiró en un tiburón ballena que vio mientras buceaba en Bahamas durante unas vacaciones junto a Bill Mitchell, diseñador jefe de General Motors y responsable de piezas míticas como el Buick Rivera o el Cadillac Sedan deVille.

El caso es que su diseño aplanado recibió el visto bueno de Lincoln, la división de lujo de Ford. En pocos meses pasó del papel a la arcilla, y de ésta al primer prototipo. A diferencia de lo usual, se construyó en metal en vez de en fibra de vidrio, y fue equipado con un motor completo como los coches de serie. Por ello, el coste se disparó hasta unos estratosféricos 250,000$ de la época, cerca de 2 millones de € al cambio actual.

 

El Lincoln Futura y su curiosa fuente de inspiración. El parecido con el Batmóvil también resulta evidente.

En la edición de 1955 del Salón de Detroit, la principal feria del automóvil, llamó la atención gracias a sus carlingas, a sus faros y tubos de escape integrados en la carrocería y a lo novedoso del salpicadero y la integración del volante. Para acabar, contaba con una pintura irisada de un color claro indeterminado en cuya elaboración se emplearon perlas como materia prima.

Tras meses de exposición en ferias y muestras itinerantes por toda América, el Futura fue descartado. Se aprovecharon algunos elementos de su diseño para otros modelos de Lincoln, tales como el Premiere o el Capri, cuyos faros delanteros, similares a los de un 1500, son un calco de su predecesor.

 

Salpicadero del Futura. En la otra imagen, al lado de un Lincoln Capri, que heredó parte de su frontal.

Sin embargo, el cine le dio al Futura una segunda oportunidad que acabaría por convertirlo en un coche mítico. Sucedió durante el rodaje de  “Empezó con un beso” (1959), una rocambolesca comedia hollywoodiense ambientada en España.

En ella, Glenn Ford y Debbie Reynolds se casan apresuradamente tras un noviazgo fugaz. Sin conocerse apenas, a él lo destinan a una base aérea de aquí, por lo que, para que su matrimonio no se hunda de forma inmediata, su mujer lo acompaña junto al coche que le ha tocado en una tómbola americana (sic).

En un quiebro de guión memorable, el coche se convierte en protagonista, pues el Lincoln Futura encarna el poderío de Estados Unidos en contraste con el atraso local, atrayendo sobre sí y sobre la pareja las miradas y anhelos de unos españoles amenazantes entre los que se encuentran una marquesa guapa y, como no, un seductor torero que, cual Dominguín inspirado, seguro que no se espera a acabar la faena para contarla.

La peli no tiene más atractivos que el coche, pintado de rojo porque el blanco no da bien en cámara, y el de fijarse en los topicazos y localizaciones. Destacan el registro del folclore local, con jotas, gitanos y palmas; las panorámicas de Granada y el recorrido urbano con pinceladas sobre Madrid: paseo de Recoletos, Neptuno, Gran Vía, Plaza de España, Barajas o Torrejón de Ardoz.

 

El Futura recorre Madrid: fuente de Neptuno y Gran Vía con la Torre de Madrid en segundo plano. Entonces era el edificio más alto de Europa.

Con estas cartas, el film pasó desapercibido, puesto que el costumbrismo hispano no llenó las taquillas en Norteamérica. En cuanto al coche, Ford vendió el único prototipo del Lincoln Futura al responsable de su elección para la película, un tal George Barris que lo compró por un simbólico dólar.

En 1966, siete años después del estreno, Barris fue contratado por la ABC para que diseñase el coche de Batman en la primera adaptación del personaje de DC Comics. En esta ocasión, el coche sí dio en el clavo, contribuyendo al repunte en la trayectoria de un superhéroe que estaba de capa caída y convirtiendo al Futura en un automóvil mítico pese a que nunca llegó a producirse en serie.

 

 

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