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Scuttlers: la subcultura pionera de la época victoriana

Scuttlers: la subcultura pionera de la época victoriana

Los scuttlers fueron una de las primeras subculturas urbanas de las que se tiene constancia. Surgidos en la Inglaterra de 1870, durante poco más de dos décadas se convirtieron en la principal manifestación contracultural de la época victoriana. Violentos, atildados y de origen obrero, constituyeron un auténtico dolor de cabeza para la sociedad burguesa, que los demonizó y reprimió sin contemplaciones en un proceso que se repetiría con otros grupos (teddy boys, mods, rockers, skinheads) hacia mediados del s.XX.

Las primeras informaciones sobre bandas de jóvenes proletarios con una estética propia y comportamiento violento aparecen en el Manchester de 1870, en suburbios industriales como Bradford, Gorton o Stafford. Abocados a una situación de desamparo causada por la explotación económica y por la práctica inexistencia de lazos familiares o sociales en su entorno más inmediato, los jóvenes de esas zonas solían agruparse en bandas que recurrían al delito y a la violencia para sobrevivir.

Los scuttlers nacieron en los depauperados barrios obreros del Manchester de finales del XIX.

Es justamente este recurso a la fuerza lo que les dio nombre, pues scuttling era el nombre en argot que recibían las batallas campales de hasta 500 participantes en las que se veían envueltos los pandilleros. También eran habituales los términos ikes o ikey lads, usados por los scuttlers para referirse a sí mismos. El motivo es que solían comprar sus prendas en sastres judíos entre los cuales era frecuente el apelativo Ike, diminutivo de Isaac.

La estética era precisamente uno de los elementos que permitía a los scuttlers diferenciarse del main stream, pues a pesar de los límites impuestos por su situación económica, estos jóvenes cuidaban su apariencia y peinados para lograr un look distintivo.

Según historiadores como Geoffrey Pearson o autores contemporáneos como Charles Russell o Alex Devine, el arquetipo scuttler se caracterizaba por llevar pantalones acampanados, cinturón con hebilla gruesa, zapatos estrechos con punta metálica, pañuelo de seda anudado al cuello y gorra de visera. Complementaba su atuendo con pelo a lo donkey fringe, corto y con flequillo hacia un lado.

   

Gorras de visera y pañuelo anudado al cuello, dos de los distintivos de la estética scuttler. En la otra imagen, un ejemplo extremo de donkey fringe, su característico corte de pelo.

Las chicas no eran habituales entre las bandas callejeras de esta época, pero según afirma Robert Roberts en un ensayo de 1973, también tenían una estética propia cuyos elementos más destacados eran el uso de chales y faldas con rayas verticales.

En síntesis, la subcultura scuttler fue la respuesta de parte de la juventud obrera de la Inglaterra del XIX ante unas condiciones de subordinación económica y cultural que los abocaba a la marginalidad. En este contexto, proliferaron bandas que hacían gala de una violencia extrema asociada al delito y a la defensa del territorio, en un intento quizás de superar el sometimiento y las duras condiciones materiales en las que vivían, sin duda muy lejos del poderío que caracterizaba a la élite dirigente de su país.

 

Bill Brooks y Mick King, líderes de los scuttlers de Greengate y Brown Street, dos de las principales bandas de Manchester hacia 1890.

Serán justamente los valores de la clase dominante los que convertirán a estos pandilleros en los primeros folk devils o demonios populares de la historia contemporánea.

Hasta el presente, los grupos hegemónicos de la sociedad no han dejado de crear este tipo de chivos expiatorios entre la clase obrera, en un intento por criminalizarla de forma global. A tal efecto han usado a los medios de comunicación como herramientas para identificarlos de forma arquetípica y aislarlos del resto de la sociedad, exagerando (cuando no inventando) sus rasgos y los elementos antisociales de su conducta.

Una vez conseguidas la demonización y el pánico moral en la sociedad, las fuerzas del orden y el sistema jurídico actúan como martillo que ponga fin a su existencia… hasta la aparición de la próxima subcultura a poner en el punto de mira.

 

 

 

 

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