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De Tennessee a Kingston: el sorprendente origen del género ska (2ª parte)

De Tennessee a Kingston: el sorprendente origen del género ska (2ª parte)

En la primera parte analizábamos las diversas teorías sobre el origen del patrón rítmico del ska. Nos remitían a la importancia del piano en dicho sonido.

Así, no era extraño que artistas como Fats Domino o Louis Jordan fuesen reinterpretados casi hasta el plagio en Jamaica, por eso no sorprendió a nadie que en 1959 llegase al nº1 el tema “Easy Snappin”, una canción machacona y suave con un piano como protagonista.

Su autor era Theophilus Beckford, un joven que había aprendido a tocar en un centro de acogida infantil ubicado en Trench Town, el peligroso barrio de Kingston del que saldrían otras figuras como Bob Marley. El productor Coxsonne Dodd produjo su single en 1956, aunque esperó tres años para lanzarlo. Desde ese instante, su influjo fue decisivo.

En los siguientes años, los productores y músicos de toda Jamaica calcaron el ritmo de aquel piano, que repetía un ritmo en el que sonaban especialmente los pulsos pares de cada compás. Se hacía una secuencia reconocible y bailable, por lo que aquellos que dirigían la industria tardaron poco en copiarla.

Segundo y cuarto, segundo y cuarto, ump-ska, ump-ska. La música sincopada se difundía por los sound systems y las antenas, por las verbenas y los estudios de grabación. Desde Prince Buster y su compinche Jah Jerry, a Derrick Morgan y también Alton Ellis. Gracias al salto a Inglaterra y su conversión en música nacional, la nueva Jamaica, radiante desde la independencia, bailaba al ritmo despreocupado llamado ska.

El pianista Theophilus Beckford, eslabón clave entre Jamaica y Estados Unidos.

De dónde había salido? Lo había fundado Theophilus Beckford, el chico tímido de los suburbios? Había sido cuestión de azar? Sin descartar la suerte que siempre acompaña al éxito cuando es rotundo, lo cierto es que Beckford fue solo un divulgador talentoso. Su patrón rítmico de upbeats en los pares tampoco era fruto de su cosecha, pues se lo había copiado a sus maestros americanos. Nos acercamos al Santo Grial?

La proporción aúrea o fórmula mágica del ska fue importada por Beckford tras escuchar los discos de Rosco Gordon, uno de sus pianistas de referencia. Rosco era un tipo delgado de ojos saltones, nervioso y risueño a partes iguales. Tocaba el piano mirando al público sin sentarse, girando el cuerpo hacia aquél, como temiendo perderse el baile por ser él mismo el que interpretaba. Y mientras tanto, con la otra mano aporreaba las teclas del rhythm and blues sincopado que iba inundando la sala y la llenaba de pulsos sonoros. Segundo y cuarto, segundo y cuarto, los repetía constantemente en canciones sureñas como el clásico “No more dogging”.

Es ésta la piedra filosofal? Podría serlo. Puede que tanto como otros temas coetáneos y parecidos, de igual estilo y similar influencia: Tuts Washington con “Tee nah nah”, el Professor Longhair y “Willie Mae”, ciertos destellos de Fats Domino; puede que cualquier tema de algún tugurio del Mississippi. Cuántos músicos de Nueva Orleans o Memphis repetirían el mismo esquema todas las noches en medio de nubes de humo y atmósferas de licor? Quizá millones, exagerando un poco la creatividad del Sur.

Pero, qué ocurre si preguntamos a los que estaban en el momento y lugar adecuados? Qué dicen quienes vivían allí, los que pulsaban las teclas y las guitarras en la Jamaica de los 50? Theophilus Beckford lo tuvo claro: la célula madre que originó el ska jamaicano la trajo un tal Rosco Gordon de Tennessee.

El pianista Rosco Gordon de Tennessee. Hemos llegado al origen?

Más tarde, los artistas de West Jamaica y de Kingston se solaparon con influencias recíprocas; bebían de Estados Unidos y sus mayores, del viejo mento que aún encantaba y del calypso que sacudió el Caribe. Llegaban ritmos de Trinidad y aún más lejos; de África mismo, donde empezó todo. En cualquier caso, la música no se inventa, se va añadiendo a un sustrato previo. Entre sus ingredientes se mezclan sabores y estilos, pero al tocar ska, había uno que aparecía siempre: segundo-cuarto, segundo-cuarto, ump-ska, ump-ska.

En la receta resuenan nombres y discos, pero uno destacará sobre los demás: es Rosco Gordon, que difundió desde Memphis un ritmo que conquistó Jamaica. Fue sucedido por Theo Beckford, pionero de sucesivos apóstoles que hicieron proselitismo con el mensaje y lo elevaron a las alturas.

Al preguntarle por la herejía de establecer Memphis como cuna del son nacional de Jamaica, el productor Chris Blackwell respondió en el 64 (casi rozando los hechos) que, desde finales de los 50, sus compatriotas se habían rendido al sonido del “No more dogging” de Rosco Gordon.

Modificaron el ritmo, lo aceleraron un poco, añadieron algo de letra y lo llamaron ska”.

Puede que exagerase a propósito, pero Blackwell no se alejaba mucho cuando añadía a las notas de Kingston el pulso cortante de Tennessee.

-Bibliografía:

-That chop on the upbeat, Oxford American Magazine, John Jeremiah Sullivan, 2013.

-Reggae routes. The story of Jamaican Music. Kevin O’Brien et alii, Temple University Press, 1998.

-Tougher than tough. The story of Jamaican Music. Steve Barrow et alii, Mango Records, 1993.

-Reggae: the story of Jamaican Music. BBC Documentary, 2002.

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